Son
dos serranías diferentes, separadas una de otra
por un territorio de unos 200 km, pero con una gran afinidad
geológica y biológica. La del Tunahí
da origen al río Inírida; la del Naquén
aporta sus aguas al río Guainía, en frontera
con Venezuela. Una se ubica en el departamento del Guaviare
y la otra en el departamento del Guainía y ninguna
de las dos sobrepasa los 700 msnm, por lo tanto no alcanzan
a figurar en la cartografía oficial, donde se las
identifica con la cota correspondiente a la de la selva
basal. No obstante, estas dos serranías son, cada
una a su manera, una sobrecogedora formación para
el nativo, que las vislumbra desde la distancia, como
el más alto de los accidentes topográficos
en la vastedad de la llanura boscosa.
Las dos serranías pueden ser consideradas hitos
ubicados en una franja de transición entre las
cuencas del Orinoco y la Amazonia, no solo desde el punto
de vista hídrico, sino biológico; son áreas
de concurrencia biótica donde no deja de sorprender
la pobreza de los suelos, que lógicamente tiene
una relación directa sobre las limitaciones biológicas
del resto de sus organismos. Predomina en ellas la formación
Precámbrica, cuyo basamento rocoso muy antiguo
es conocido como Escudo de la Guyana.
SERRANÍA DEL TUNAHÍ
La serranía del Tunahí está localizada
en un aislado sector del país —1° 20'
– 2° 20' de latitud norte y 70° 50' –
72° 10' de longitud oeste—, delimitada al norte
por el río Inírida, al oriente por los caños
Bocatí, Aceite y el río Papunaua y al occidente
por el caño Guacarú y el río Inírida,
que nace precisamente en la parte central de la serranía.
Geológicamente el área corresponde a la
llanura Precámbrica del zócalo del cratón
Guyanés —base de la estructura continental—,
recubierta por sedimentos continentales del Terciario.
Incluye, además, un complejo de afloramientos rocosos
bajos, en forma de mesas, aplanados y convexos, con estratificación
horizontal que se intercalan con otras más elevadas
de taludes muy escarpados, algunas con picachos como el
de Yambí. Las mesas y picachos forman parte de
una cubierta sedimentaria de origen marino, depositada
a poca profundidad y correspondiente al período
Cámbrico–Ordoviceo, hace 495 millones de
años.
Los suelos de la planicie que circundan las mesetas son
por lo general bien drenados, ácidos, de textura
fina y corresponden a los tipos Dystropepts y Haplorthox.
En los afloramientos rocosos, tanto en las mesas como
en los cerros, los suelos que predominan son incipientes
y arenosos, de los tipos Troporthents y Psamments.
CLIMA
El clima estimado es isomegatérmico, con temperaturas
medias anuales que oscilan entre los 25 y los 27 °C
en las partes bajas; en las cimas de los cerros más
elevados, es de aproximadamente 18°C. El régimen
pluviométrico que predomina es unimodal, con precipitaciones
anuales cercanas a los 3.000-3.500 mm. Durante la noche
es frecuente la niebla densa en las cimas de las mesas
y los cerros, lo cual favorece el desarrollo de una importante
cobertura vegetal, a pesar de la pobreza de los suelos.
LA CULTURA ABORIGEN DEL TUNAHÍ
En la actualidad las estribaciones y la periferia de la
serranía están habitadas por indígenas
Nukaks, emparentados con los Makús de la frontera
con Venezuela y Brasil.
Se identifican por la falta de atuendo y el uso de pintura
corporal, bandas o brazaletes en muñecas, brazos,
pantorrillas y tobillos. Son cazadores–recolectores
natos y su cotidianidad doméstica transcurre en
un constante deambular en procura del sustento y de la
proteína animal; su morada la constituye, en el
mejor de los casos, un enramado hecho con hojas de platanillo
o tarriago, dispuestas en forma circular.
Hábiles hombres de selva y avezados en el manejo
de venenos y alucinógenos, utilizan lanzas, cerbatanas,
arco y flecha, tanto para la cacería como para
la defensa personal.
Aunque su descubrimiento es reciente, los estudios etnográficos
y antropológicos en curso permitirán establecer
las relaciones que existen entre los Nukaks y los Makús
—denominados a sí mismos como Madopas o Hupdes—
con los Epineds, otro de los grupos identificados recientemente
en la Amazonia.
CONSERVACIÓN
El 20 de septiembre de 1989 se creó la Reserva
Nacional Natural Nukak, ubicada en el municipio de San
José del Guaviare. Con un área de 855.000
hectáreas, esta reserva, que abarca la serranía
y sus territorios aledaños, constituye uno de los
patrimonios naturales y culturales más singulares
del país. Con su creación se pretende conservar
no solo el entorno sino uno de los grupos humanos más
tradicionales de la Amazonia colombiana.
SERRANÍA DEL NAQUÉN
Está ubicada entre los ríos Inírida
y Cuiarí, en el departamento del Guainía,
municipio de Puerto Inírida, en un enclave que
se considera como sabana selvática. Su forma alargada,
con más de 90 km de longitud y 10 de ancho, se
extiende en dirección norte–sur desde el
río Guainía hasta el límite con Brasil,
al sur; por el oriente limita con las regiones venezolanas
del Tigre y Mayrri. Sus alrededores están irrigados
por pequeños riachuelos o caños que descienden
de sus estribaciones.
CARACTERÍSTICAS GENERALES
Esta formación, ubicada dentro del complejo Migmatítico
del Mitú, es el componente más occidental
del cratón guyanés, constituido por rocas
metamórficas —granitos, granodioritas y gneises—,
que llegan hasta la fase de los esquistos verdes, que
forman el basamento plano de la zona.
El complejo Tunuí, que forma la serranía
del Naquén o Caparro, parece corresponder a la
denominada formación Guainía o Maimachí,
la cual ha sido interpretada por algunos geólogos
como parte del complejo Roraima —posiblemente de
origen Cretáceo, hace 130 millones de años—,
que tiene altos contenidos auríferos asociados
a las venas de cuarzo que reposan sobre un conjunto de
formaciones del Precámbrico —entre 2.000
y 900 millones de años—.
La región tiene predominio de suelos pobres, arenosos,
con formaciones rocosas cuarcíticas y con gran
acidez y contenidos excesivos de aluminio en algunos sectores;
este reducido potencial se agrava con una escasa profundidad,
mal drenaje y la presencia de afloramiento rocosos con
relieves escarpados.
Sus suelos se clasifican en: de altillanura y terrazas
antiguas, de texturas gruesas con vegetación predominante
de sabana; de altillanura, de texturas medias y finas
con vegetación de bosque; de serranía, de
texturas variadas con vegetación arbórea
y arbustiva; y finalmente, suelos de planicies aluviales
recientes y antiguas, de variada composición granulométrica
y vegetación de bosque.
Recientemente se ha planteado la hipótesis de que
existió un gran lago amazónico, que se habría
originado hace unos 36.000 años y desaparecido
hace apenas unos 2.500 años. Éste lago habría
ocupado las cuencas superiores del río Amazonas,
en el norte de Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú
y el sur de Colombia. Temporalmente habría tenido
conexión con la cuenca del río Orinoco,
en lo que actualmente es el sur del territorio federal
de Amazonas en Venezuela y los territorios adyacentes
del Brasil, al suroriente del Departamento de Guainía,
correspondientes a las áreas de pediplano de los
ríos Branco y Negro.
Después de la regresión marina y como resultado
de sucesivos procesos de levantamiento, surgió
un altiplano que ocupó una vasta área, posiblemente
desde el río Inírida y la actual cuenca
del río Guainía hasta la región del
río Traira o Taraira, en territorio del departamento
del Guainía y del nororiente del estado brasileño
de Amazonas. Este altiplano fue disectado por procesos
erosivos que arrasaron las estructuras sedimentarias originales
hasta el punto de aflorar el zócalo continental
en áreas considerables; en la actualidad solamente
se observan mesetas y cerros reticulares, de los cuales
ninguno emerge más de 500 ó 600 m.
CLIMA
No existen registros meteorológicos que determinen
el clima de la serranía. Sin embargo, puede afirmarse
que es isomegatérmico con temperaturas anuales
medias entre 24 y 25 °C y una precipitación
media anual del orden de los 3.000–3.500 mm, sin
un período seco definido; la distribución
y el volumen de las lluvias no determinan épocas
de sequía que afecten las plantas.
FLORA
A las áreas con vegetación de sabana típica
amazónica corresponden suelos predominantemente
arenosos. Las condiciones climáticas de la región
favorecen el desarrollo de selvas muy húmedas —higrofíticas—
de gran porte; sin embargo, limitantes edáficas
y factores del relieve y drenaje condicionan drásticamente
el desarrollo de la cobertura vegetal, lo cual da como
resultado un verdadero mosaico de especies. Se reconoce
dentro del área la sabana de tipo amazónico,
cuyas especies vegetales más importantes corresponden
a las familias y géneros de Eriocaulaceae, Rapataceae,
Haemodoraceae, y Bromeliaceae.
Otro tipo de vegetación corresponde a formaciones
entre sabana y selva que presentan una transición
gradual hacia las formaciones boscosas denominadas regionalmente
catingales, las cuales tienen un bosque con dosel moderadamente
abierto que no supera los 15 ó 20 m de altura y
diámetros en el fuste menores de 30 cm; su follaje
es perenne en la mayoría de las especies, con hojas
duras —esclerificadas — y con una casi total
ausencia de espinas. En gran parte domina el yabaró
y son frecuentes y subdominantes las especies de los géneros
Clusia y Caraipa.
Los bosques riparios o de galería de la zona tienen
una anchura variada en las riberas de los cursos de agua
del pediplano y en los sectores de colinas bajas; en general
se diferencian por el mayor porte del arbolado y la abundancia
de palmeras. Los bosques de las vegas inundables corresponden
al desarrollo de moriche y la selva de porte alto, con
un dosel cerrado, ocupa sectores planos con ligeros declives,
principalmente en la porción occidental de la serranía;
es bastante ocasional la presencia de la selva amazónica
clásica, con dosel de 40 m y árboles emergentes.
FAUNA
A unque la fauna del área se conoce muy fragmentariamente,
se han calculado alrededor de 180 especies de mamíferos,
de las cuales siete son primates dentro de los que se
destacan el chucuto, el mico diablo, el choyo y el churuco
o caparro. Entre los mamíferos de mayor porte se
encuentran las dantas y los venados; las nutrias y los
perros de agua o lobones, muy frecuentes en las partes
inundables periféricas de la serranía. También
hay poblaciones de armadillos o cachicamos y de armadillos
gigantes u ocarros, los más espectaculares y grandes
del mundo, cuyo peso puede sobrepasar los 30 kg y su longitud
a un metro. El chigüiré o chigüiro no
abunda tanto como los ñeques y los puercoespines.
En la avifauna, podemos destacar la presencia de algunas
especies como el tucancito, el paujil o paují,
el paují colorado, las guacamayas y pericos y la
guacamaya de los moriches.
LA CULTURA EN EL ÁREA
En la zona periférica de la serranía habitan
actualmente indígenas Puinaves, Kurripacos y Cubeos.
El primero de estos grupos es de filiación lingüística
Puinave, una de las lenguas más antiguas de la
zona transicional orinoquense–amazónica,
que parece haber tenido su origen en la región
del brazo Casiquiare y Piedra del Cocuy.
Los Puinaves —Puinavis, Puinabes, Guyapuinavis,
Uaipuinavis, Uaipis y Guaipuhos— se denominan a
sí mismos Want–Yinhgt y al igual que los
Makús, de la familia lingüística Piaroa,
se vieron obligados a migrar hacia las cabeceras del Guainía,
empujados por los Arawaks, los Tukanos y los Karibs, quienes
los tuvieron prisioneros y los esclavizaron hasta hace
poco.
Las serranías del Tunahí y del Naquén
se consideran enclaves frágiles y muy sensibles
a las perturbaciones producidas por el hombre. Se deben
tomar medidas para garantizar la conservación de
estas áreas y para preservar la cultura de los
grupos humanos asentados en su interior .