Durante
el Jurásico, hace 150 millones de años, América
del Sur estaba unida a África, con la que formaba
el subcontinente de Gondwana. A mediados del Cretáceo,
hace 100 millones de años se separó de África,
empezó a desplazarse hacia el occidente y durante
los siguientes 100 millones años se convirtió
en un continente aislado que tenía buena parte de
su superficie bajo las aguas marinas; tiempo después
empezó a retroceder el nivel del océano y
se estableció una primera conexión con América
del Norte por medio de una cadena de islas, la cual permitió
el intercambio de elementos florísticos y faunísticos
entre ambos continentes durante el Plioceno, hace unos 13
millones de años, mucho antes de levantarse el istmo
de Panamá.
La formación de la costa Pacífica se inició
con el desplazamiento de la placa Suramericana hacia el
occidente y su colisión con la placa del Pacífico,
lo que dio inicio al levantamiento de la cordillera de los
Andes, hace unos 75 millones de años, en el lugar
que actualmente ocupa la zona occidental de Ecuador. Las
montañas del sur de Bolivia, Chile y Argentina se
conformaron hace unos 50 millones de años, mientras
que los Andes del norte, de Colombia y Ecuador son montañas
relativamente jóvenes, puesto que su más reciente
levantamiento empezó sólo a finales del Mioceno,
hace unos 25 millones de años.
El mar Caribe tiene su origen en el choque de las placas
tectónicas, particularmente en los eventos que hace
40 millones de años dieron inicio al surgimiento
de istmo centroamericano y al arco de las Proto–Antillas,
episodio que concluyó hace 5.2 millones de años.
A partir de entonces el Caribe dejó de ser parte
del Pacífico para conformar un mar independiente,
diferenciado del Atlántico, océano con el
que limita por el nororiente de su cuenca semicerrada.
Estudios geológicos comprueban que las Antillas son
de origen volcánico y que fueron empujadas por la
placa del Pacífico hasta colisionar contra la placa
del Atlántico; posteriormente formaron un arco de
islas que debido a la compresión que ejercieron las
placas Norteamericana y Suramericana, cerraron el paso a
las aguas del Atlántico y terminaron de conformar
el mar interior. En este proceso se formó la falla
Beata de Colombia, que a su vez separó a Cuba del
resto de las Antillas y abrió la fosa de los Caimanes
entre las Antillas Mayores y las Menores.
LAS COSTAS COLOMBIANAS
Colombia tiene un área de 207.040.800 hectáreas
(ha), de las cuales 114.174.800 corresponden a la zona continental
y 92.866.000 a la superficie marítima —33.930.000
en el Pacífico y 58.936.000 en el Caribe—,
lo cual coloca al país como el cuarto más
grande de Suramérica y el único con aguas
marinas en dos océanos. En el territorio continental
colombiano se identifican cinco regiones naturales: Caribe,
Andina, Pacífica, Orinoquia y Amazonia.
La costa Caribe, cuya longitud aproximada es de 1.600 km,
está localizada en la zona norte del país;
limita al occidente con la frontera panameña, en
el Cabo Tiburón —18° 4' de latitud norte
y 77° 18´ de longitud oeste— y al este,
con Venezuela en punta Castilletes —11° 50' 44'’
latitud norte y 71° 19' 20'’ longitud oeste—.
En esta franja tienen costa los departamentos de Chocó,
Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico,
Magdalena, Guajira y el archipiélago de San Andrés
y Providencia.
La costa Pacífica forma parte del Pacífico
Oriental Tropical —Panamá Bight—, tiene
una longitud aproximada es de 1.300 km y limita, cerca de
los 9° de latitud norte, con el istmo de Panamá
y a los 2° de latitud sur, en la punta Santa Helena,
con Ecuador. Sobre este océano tienen costa los departamentos
de Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño y
las islas de Gorgona, Gorgonilla y Malpelo.
MORFOLOGÍA LITORAL DEL PAÍS
Además de la dinámica de las corrientes marítimas,
las características de las zonas costeras y litorales
de nuestro país presentan diferencias relacionadas
con las formas de interacción que en ella se presentan:
continente–océano en el Pacífico y continente–mar
e islas–mar en el Caribe, lo que genera ambientes
diversos en términos geológicos, morfológicos,
climáticos, biológicos y socioeconómicos.
El litoral del Pacífico recibe la acción directa
de un océano abierto, con fuerte influencia del oleaje
y de las mareas, cuyas variaciones cada 12 horas pueden
ser hasta de 6 m. Por el contrario, los niveles de ascenso
y descenso de las mareas en el Caribe no superan los 60
cm, puesto que este es un mar resguardado que depende de
una cuenca marítima con menores profundidades.
A su vez, a lo largo de cada uno de los dos litorales se
presentan notables diferencias, como las que hay entre la
costa Pacífica del sur, y del norte, a partir del
Cabo Corrientes. También en el Caribe son marcadas
las diferencias ambientales entre accidentes como el golfo
de Urabá, el golfo de Morrosquillo, la bahía
de Cartagena, la bahía de Santa Marta, el Parque
Tayrona, bahía Portete, el golfo de Venezuela —al
cual pertenece parte de nuestro territorio— y las
costas del archipiélago de San Andrés y Providencia.
LITORAL PACÍFICO
El Pacífico tiene una costa cuya sismicidad es muy
activa debido a que está en la zona de subducción
generada por el choque entre las placas oceánica
y continental. Entre sus ambientes más característicos
se encuentran acantilados, litorales con altas colinas de
rocas sedimentarias ígneas disectadas, colinas bajas
sedimentarias, cordones litorales, playas activas, numerosos
deltas fluviales y estribaciones de la cordillera Occidental
Andina y de cadenas montañosas como la serranía
del Baudó, que llegan hasta el litoral. Son también
frecuentes islotes rocosos, llanuras aluviales inundables,
pantanos de agua dulce, planicies de marismas, playas inundables
y terrazas de origen volcánico localizadas en los
deltas de los ríos más caudalosos.
De acuerdo con mapas batimétricos realizados en el
Pacífico colombiano, la plataforma continental es
estrecha en el norte, donde la isóbata —lugar
donde se presentan los 200 m de profundidad— está
muy cerca de la costa, aproximadamente a 15 km. En el sur
es más ancha —llega hasta la isla Gorgona localizada
a 55 km de la costa—, debido al aporte de sedimentos
de los numerosos ríos que desembocan en este litoral.
La zona norte, entre la frontera con Panamá y cabo
Corrientes, en el estrato geológico levantado por
la serranía del Baudó, tiene una costa dominada
por acantilados y peñas volcánicas labradas
por el embate de las olas. Entre cabo Corrientes y Buenaventura
se presentan, en forma alterna, serranías costeras
y planicies litorales apoyadas en terrazas marinas; la presencia
de varios niveles de abrasión marina indica un levantamiento
tectónico lento y sus huellas sugieren que hubo una
desviación del curso del río San Juan, posiblemente
ocasionada por el hundimiento de una gran estructura morfológica,
tal vez una cuarta cordillera. En el extremo sur, entre
Buenaventura y la frontera con Ecuador, la costa es plana
debido a la evolución del cono deltaico del río
Patía, cuyas variaciones, cicatrices geológicas
de hundimiento y desgarramientos tectónicos, hoy
tapados por sedimentos fluviovolcánicos, demuestran
la existencia, al inicio del Holoceno, hace 60 mil años,
de cauces deltaicos muy diferentes del actual.
El litoral Pacífico tiene además la incidencia
de fenómenos naturales como los tsunamis —marejadas
de tipo sísmico—, cuya acción continua
causa una fuerte erosión y sus secuelas afectan un
gran número de asentamientos humanos —cerca
del 20% de la población—, entre los que vale
la pena destacar a Sivirú en el Chocó y San
Juan de la Costa y Tumaco en Nariño. Los ambientes
más expuestos son los cordones litorales, los acantilados
del norte, las playas en equilibrio como las de Nuquí,
Panguí, El Valle, al sur de bahía Solano,
Tumaco y los estuarios de la bahía de Buenaventura.
LITORAL CARIBE
El Caribe colombiano ocupa la parte suroccidental de la
placa del Caribe, que se desplaza hacia el oriente y origina,
en el borde continental, una zona de compresión conocida
como el cinturón deformado del Caribe Meridional.
La plataforma continental colombiana sobre el Caribe llega
hasta los 130 y 150 m de profundidad, donde la pendiente
cambia abruptamente y el talud se precipita hacia la Cuenca
de Colombia.
La plataforma presenta un ancho variable que alcanza 70
km frente al departamento de Córdoba y se acerca
a los 40 km en el golfo de Morrosquillo y frente a la península
de La Guajira; se torna muy angosto en las proximidades
de Bocas de Ceniza, se ensancha frente a la Ciénaga
Grande y prácticamente desaparece en el sector entre
punta Gloria y la desembocadura del río Piedras,
sector donde la Sierra Nevada de Santa Marta se precipita
hacia el fondo del mar. Entre la desembocadura del río
Piedras y punta Gallinas, la parte más septentrional
de La Guajira, la plataforma alcanza su máxima longitud.
El archipiélago de San Andrés y Providencia
forma parte de la plataforma nicaragüense; Providencia
es de origen volcánico con acumulación de
basaltos y San Andrés, de origen coralino; sobre
un cono volcánico hundido creció un arrecife
que formó un atolón; posteriormente su laguna
marina interior se sedimentó para formar la isla.
Entre los accidentes geomorfológicos de la plataforma continental del Caribe colombiano se destacan los cañones
submarinos asociados a fallas geológicas estructurales,
como el cañón Aguja frente al Parque Tayrona;
procesos erosivos asociados al drenaje de grandes ríos,
como el Magdalena; islas emergentes producto de la actividad
de los corales como San Bernardo y El Rosario y volcanes
submarinos de lodo —diápiros arcillosos—,
generados por el afloramiento de arcillas fósiles
provenientes de capas sedi-mentarias antiguas, sometidas
a altas presiones.
El Caribe colombiano es muy diverso en ecosistemas, entre
los que se destacan los litorales rocosos; cerca de 15%
está constituido por acantilados, como las formaciones
basálticas y sedimentarias que hay entre el golfo
de Urabá e Isla Fuerte. Entre Isla Fuerte y Cartagena
existen plataformas calcáreas emergidas y desde Cartagena
hasta la desembocadura del río Magdalena, pequeñas
áreas con acantilados de mediana y baja altura. De
punta Gloria al río Piedras domina el litoral rocoso
con acantilados pendientes y altos y en el Cabo de la Vela
y punta Espada afloran pequeños escarpes.
El 65% del litoral está compuesto por playas arenosas,
en su mayoría conformadas por sedimentos de origen
fluvial, como las del golfo de Urabá y la región
de Santa Marta; en La Guajira por erosión eólica
—producida por los vientos— de la costa y en
sectores como San Bernardo, islas del Rosario y San Andrés
y Providencia, por arenas blancas de origen coralino. Las
playas areno–fangosas de grano fino se presentan cerca
de los bosques de manglar y en la desembocadura de los ríos
y las de grano medio a grueso —las más extensas
y frecuentes— se localizan entre Cartagena y punta
Gloria y desde el río Piedras hacia la Alta Guajira.
ECOSISTEMAS DE LOS LITORALES COLOMBIANOS
En la configuración de la interface mar–continente
del territorio colombiano han intervenido complejos fenómenos
físicos, geológicos y biológicos, entre
otros aspectos, que han producido una amplia gama de regiones
biogeográficas donde abundan especies faunísticas
y florísticas de sorprendente heterogeneidad, compuestas
por elementos suramericanos, centroamericanos y norteamericanos,
que en un principio generaron procesos de convergencia genética,
para luego especializarse y evolucionar como especies únicas,
que han hecho de Colombia un país con numerosos endemismos.
En el Caribe colombiano se encuentran todos los ecosistemas
del Atlántico Occidental Tropical, como lagunas costeras,
estuarios, arrecifes de coral, manglares, praderas de pastos
marinos, playas arenosas, litorales rocosos, fondos sedimentarios
y sistemas pelágicos, que conforman una variedad
de hábitats que albergan infinidad de especies de
flora y fauna.
En el Pacífico colombiano están presentes
todos los ecosistemas de la región marina del Pacífico
Oriental Tropical —desde baja California hasta el
norte del Perú—. Se destacan manglares, lagunas
costeras, estuarios, arrecifes coralinos, fondos sedimentarios,
playas, acantilados y sistemas pelágicos. A lo largo
de la costa Pacífica colombiana existe una gran variedad
de fauna y flora asociada a estos ecosistemas.
FONDOS DE LA PLATAFORMA CONTINENTAL
Están ubicados en el infralitoral, por debajo de
los 5 m de profundidad, hasta el punto de quiebre de la
plataforma. Este ecosistema alcanza en Colombia un ancho
promedio de 22 km, desde la línea de costa y ocupa
unas 6.600.000 ha.
El sustrato de la plataforma continental, cerca del litoral,
tiene una parte maciza que puede estar mezclada con rocas
de diferentes tamaños, arenas y restos calcáreos
de seres vivos; al aumentar la profundidad, se hace más
blando y fino, hasta convertirse en fango o arcilla. Esta
gradación está influenciada por la descarga
de sedimentos continentales provenientes de las desembocaduras
de los ríos. De acuerdo con las evaluaciones batimétricas
hechas por la Armada Nacional, hace menos de una década
los fondos sedimentarios podrían cubrir cerca del
95% de la plataforma continental.
La plataforma Caribe presenta fondos predominantemente lodosos
en el golfo de Urabá y desde bahía Cispatá
hasta cabo San Agustín, en el límite con La
Guajira, especialmente en la desembocadura del río
Magdalena y cerca de la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Desde la desembocadura del río Palomino hasta Castilletes,
prevalecen arenas y sedimentos de grano grueso mezclados
con restos de material calcáreo y nódulos
o agregaciones de ostras y otros invertebrados.
Los fondos sedimentarios que bordean la costa Pacífica
colombiana están constituidos principalmente por
lodos de origen terrestre al norte de cabo Corrientes y
por lodos arenosos terrígenos al sur de éste.
En los fondos de la plataforma habitan comunidades biológicas
que poseen elementos faunísticos poco variados. La
fauna bentónica de profundidad tiene dos componentes:
la infauna que está constituida por los grupos de
organismos que se encuentran enterrados en el sedimento
y la epifauna por aquellos que están por encima de
él. A diferencia de otros ecosistemas marinos, la
producción primaria de los fondos sedimentarios es
muy baja y tanto la infauna como la epifauna dependen del
aporte de materia orgánica proveniente de los estratos
superiores de la columna de agua o del transporte horizontal
de elementos de otros ecosistemas más productivos.
LOS ARRECIFES CORALINOS
Este ecosistema se desarrolla en condiciones ecológicas
que sólo existen en algunos mares tropicales: aguas
con pocos nutrientes, temperaturas que oscilan entre 20
y 29 °C y salinidades entre 33 y 36 partes por mil;
se encuentra en las dos costas de nuestro país y
se caracteriza por su alta productividad, gran biodiversidad
y elevado índice de complejidad del material genético.
Los arrecifes coralinos son agrupaciones de animales coloniales
que viven en simbiosis con algas y mediante la acumulación
de las estructuras de carbonato de calcio de sus esqueletos,
edifican desde simples coberturas discontinuas hasta inmensos
complejos formadores de islas y atolones.
Las estructuras de los arrecifes modifican sustancialmente
el lecho marino y llegan a tener dimensiones tales que intervienen
las propiedades físicas y ecológicas del medio
circundante; su consistencia es lo suficientemente compacta
para resistir fuerzas hidrodinámicas y para conformar
hábitats duraderos y estables. Los corales pétreos,
llamados también corales duros, verdaderos o hermatípicos,
son los principales constructores de los arrecifes, aunque
existen otros organismos que cumplen la misma función,
como las algas coralináceas rojas que pueden llegar
a recubrir los esqueletos y fragmentos de corales para formar
estructuras calcáreas masivas.
En Colombia existen cerca de 77 especies de corales constructores
de arrecifes —61 en el Caribe y 16 en el Pacífico—,
que comparadas con las 550 del Pacífico Occidental
y las 350 de la gran barrera australiana, son relativamente
escasas; no más del 4% del área de la plataforma continental del país está cubierta por arrecifes,
pero este porcentaje se eleva aproximadamente al doble,
si se incluyen los del Caribe insular.
En el Caribe continental colombiano hay dos subregiones
con formaciones arrecifales: una al noroccidente de Santa
Marta y otra al suroccidente de Cartagena, las cuales presentan
gran afinidad con las de la región insular del archipiélago
de San Andrés y Providencia. En el Pacífico
los desarrollos coralinos son pequeños, no muy diversos,
discontinuos y se encuentran cerca de la ensenada de Utría
y en áreas adyacentes.
FORMACIONES ARRECIFALES COLOMBIANAS
Arrecifes franjeantes: se extienden a lo largo del borde
de la costa y alcanzan un ancho de 1 km; el frente del arrecife
tiende a crecer hacia altamar y los más desarrollados
generalmente están separados decenas de metros de
la línea de costa por una laguna poco profunda. En
el Caribe se localizan en el golfo de Urabá, en el
archipiélago de San Bernardo, en las islas del Rosario
y en las ensenadas y bahías del Parque Tayrona.
Arrecifes de barrera: suelen crecer en sentido paralelo
a la línea de costa, como los de San Andrés
y Providencia, que tienen una longitud de 20 km y están
separados de tierra firme por una amplia laguna.
Atolones: son arrecifes de forma circular que se levantan
desde aguas oceánicas profundas y encierran una laguna
marina en la que no existe una masa central. La presencia
de los atolones está por lo general asociada con
islas volcánicas que se hundieron por su propio peso;
la isla de San Andrés fue formada de esta manera.
Arrecifes de plataforma: se desarrollan a la manera de domos
o bancos ovalados que se levantan aisladamente sobre la
plataforma continental, como los localizados en el bajo
Bushnell, a 20 km al noroccidente del archipiélago
de San Bernardo, cuya parte más somera se encuentra
a 9 m de profundidad y desciende hasta unos 40 m.
LAS PRADERAS DE FANERÓGAMAS
Denominadas también praderas de pastos marinos o
antófitas —plantas que producen flor—,
pertenecen al grupo de las monocotiledóneas, viven
permanentemente sumergidas, crecen en zonas tropicales sobre
fondos arenosos o fangosos poco profundos, pueden realizar
polinización por vía acuática y están
permanentemente afianzadas al sedimento mediante un sistema
de anclaje —rizomas que alcanzan los 50 cm—
capaz de soportar el oleaje y las corrientes.
Las praderas de fanerógamas migraron desde tierra
firme y desarrollaron mecanismos de defensa contra los organismos
herbívoros, por lo que son de difícil digestión,
excepto para tortugas y manatíes. Soportan una rica
fauna residente, en la que se encuentran muchos estadios
juveniles de crustáceos y peces; junto con otras
unidades ecosistémicas, pelágicas y costeras,
conforman una compleja trama alimenticia: los detritos de
pastos y algas, parcialmente descompuestos por bacterias
y hongos, son el alimento de varios organismos —foraminíferos,
poliquetos, anélidos, bivalvos, caracoles, cangrejos,
camarones, isópodos y anfípodos, entre otros—
que a su vez son presa de carnívoros como caracoles
de pala, pulpos, estrellas de mar, cangrejos y peces que
viven en ecosistemas adyacentes.
Entre los factores que influyen en la distribución
y desarrollo de las praderas están el sustrato —generalmente
se desarrollan sobre arena fina o gruesa—, la batimetría
—depende de condiciones especiales de penetración
de la luz, nunca por debajo de los 30 m—, las mareas
—niveles muy altos o muy bajos de la media anual por
tiempo prolongado terminan por matar las colonias—
y finalmente los nutrientes y la materia orgánica,
que determinan variaciones en cuanto a la estructura de
las hojas, tamaño, densidad e índice de crecimiento
de la biomasa.
La principal función que cumple este ecosistema es
la de estabilizar los sedimentos de la línea de la
costa y de servir como área de reproducción,
crianza, alimentación y refugio de muchas especies.
En Colombia sólo se presentan en el Caribe y se localizan
en las costas de la península de La Guajira, en ensenadas
del Parque Tayrona, en las bahías Portete, Taganga
y Cartagena, en el golfo de Morrosquillo, en las islas de
San Andrés, Providencia e Isla Fuerte, en los archipiélagos
de El Rosario y San Bernardo y en los cayos al sur de San
Andrés. Dentro de las especies de pastos marinos,
el pasto tortuga es la más abundante, extensa e importante.
En el Pacífico su desarrollo es limitado a causa
del aporte de agua dulce y de los sedimentos de los grandes
ríos.
LAS PLAYAS
Son ecosistemas que se forman por la acumulación
de sedimentos no consolidados, que han sido transportados
a la costa y se moldean por el movimiento del agua y el
viento; se caracterizan como un biótopo —comunidad
de elementos y organismos que viven en un espacio restringido—.
Aparecen generalmente en costas abiertas, en las bocanas
de los estuarios, bahías y golfos y en las desembocaduras
de los ríos. Están formadas principalmente
por el aporte de material silíceo de origen continental
traído por los ríos, o por materiales que
resultan de la erosión costera y de los arrecifes
coralinos.
Entre los aspectos que caracterizan el ecosistema, están
la granulometría, la porosidad y la naturaleza del
sustrato, factores que determinan su capacidad para retener
agua. La acción del oleaje y las mareas limita las
condiciones de vida e incide en el tipo de arena, la pendiente
de la playa y la movilidad del suelo.
Las costas colombianas están compuestas por playas
arenosas interrumpidas por formaciones rocosas o por manglares;
las del Caribe se forman por sedimentos aportados por los
ríos en el golfo de Urabá y en la región
de Santa Marta; por erosión, en la península
de La Guajira y por arenas blancas de origen coralino, en
los archipiélagos de San Bernardo, El Rosario y San
Andrés y Providencia. Las del Pacífico generalmente
son de arenas finas aportadas por los ríos y las
montañas litorales.
Se encuentran las conocidas como de ensenada o bahía
y las longitudinales externas. Las de ensenada, por lo general
bordean zonas internas; son de gran importancia por su atractivo
turístico, pues aparecen en lugares resguardados
donde la energía de las olas es relativamente baja.
En el Pacífico se destacan las de bahía Solano,
Ardita, Coredó, Aguacate, Nabugá y Guaca.
En el Caribe, las playas del Parque Tayrona —bahía
Concha, Neguanje, Gayraca—, las extensas playas del
Viento en el departamento de Córdoba, las del Urabá
chocoano y las de Santa Marta y Cartagena.
Las longitudinales externas siguen tramos rectilíneos
bajos de la costa; se asocian a espigas o barras de arena
y antiguos depósitos de playa y están compuestas
de arena fina con algunas variaciones muy locales de arena
media y gruesa. En el Pacífico las más importantes
aparecen desde Coredó hasta Ardita, cerca de la frontera
con Panamá y en el Caribe, desde los límites
del departamento del Magdalena —río Palomino—
hacia la Alta Guajira.
Como consecuencia del patrón de corrientes marinas
y del oleaje existente en algunas regiones, el material
arenoso se acumula a poca distancia frente a la playa y
forma bancos arenosos paralelos a la costa, que se convierten
en verdaderas barreras elevadas y sirven de protección
contra la acción del oleaje. Estas barras desempeñan
un papel importante en el mantenimiento de la productividad
de los estuarios del Pacífico, pues retienen el material
detrítico de la hojarasca de los manglares y actúan
como una trampa de nutrientes durante la bajamar; cuando
se produce la marea alta, devuelven parte de este material
hacia las zonas costeras y hacia los manglares, donde los
nutrientes son aprovechados por las comunidades que habitan
en el interior de los estuarios.
LOS MANGLARES
Los manglares son comunidades vegetales costeras de los
trópicos y subtrópicos, conformadas por árboles
que pueden alcanzar, según el estado de conservación,
hasta 40 ó 50 metros de altura y 1 de diámetro.
Esta formación vegetal de cobertura considerable,
que penetra hacia tierra firme, permanece la mayor parte
del tiempo anegada. Las diferentes especies de mangle, a
pesar de pertenecer a grupos taxonómicos diferentes,
comparten muchas características morfológicas
y fisiológicas: tienen una marcada tolerancia al
agua salada, poseen glándulas especiales para eliminar
los excesos de sal, desarrollan raíces adventicias
o zancos para aumentar su superficie de sustentación,
intercambian gases en sustratos anaeróbicos —muy
pobres en oxígeno— y se reproducen por embriones
capaces de flotar.
Las condiciones ambientales que propician el desarrollo
de los bosques de manglar son: temperaturas medias superiores
a 20 °C y mínimas no inferiores a 15 °C;
terreno aluvial de grano fino; áreas libres de la
fuerte acción de las olas y los vientos; suave pendiente
de la costa y amplio límite de marea horizontal,
puesto que en estas condiciones el sustrato no se erosiona
durante los cambios de marea y permite el encharcamiento;
agua salada como aditamento fundamental, pero no indispensable,
puesto que toleran amplios rangos de salinidad del suelo
y del agua dulce para su normal desarrollo, con el fin de
mantener un adecuado balance iónico y recibir nutrientes
inorgánicos.
En Colombia hay ocho especies de mangle que forman extensos
bosques y ocupan más de 378.000 ha. Debido a que
la precipitación de las áreas donde crecen
es bastante variable —desde 200 mm/año en el
litoral Caribe (La Guajira), hasta 7.000 mm/año en
el Pacífico—, se pueden determinar diferentes
grados de complejidad biológica. El desarrollo de
los manglares del Caribe no es homogéneo debido a
los diversos grados de salinidad, por lo que no es posible
determinar un patrón típico, sino más
bien la existencia de bosques mixtos que no suelen superar
los 20–25 m de altura; en el litoral Pacífico
alcanzan su máximo desarrollo, biomasa y productividad,
con comunidades homogéneas que llegan a 40 m de altura.
De acuerdo con la morfología y la dinámica
del litoral, en el país hay varios tipos de formaciones.
Los manglares ribereños se desarrollan a lo largo
de los cauces de los ríos en zonas influenciadas
por las mareas; alcanzan su máximo desarrollo en
el Pacífico y están constituidos por mangle
rojo, mangle negro y mangle blanco.
Los manglares de borde que se desarrollan en bahías
y lagunas costeras protegidas del embate directo de las
olas, se presentan tanto en el Caribe como en el Pacífico
y están dominados por el mangle rojo, que ocupa la
franja expuesta a las mareas sobre sustratos inestables;
en la zona estable abundan el mangle negro y el mangle blanco
—mangle piñuelo en el Pacífico—
y en zonas secas del Caribe predomina el mangle negro.
El manglar de borde se encuentra en bahía Portete
—Guajira—, Parque Tayrona, Ciénaga Grande
de Santa Marta, bahía de Cartagena y en la isla Providencia.
En el Pacífico hay bosques de este tipo en la ensenada
de Utría, bahía Málaga, Buenaventura
y Tumaco.
Los manglares de barra son comunes en el Pacífico
colombiano y tienen la característica de estar protegidos
por una barra arenosa; son bosques generalmente bien desarrollados,
muy semejantes en su estructura a los manglares de borde
y están compuestos por mangles rojos, negros y natos.
Los manglares de cuenca se desarrollan en bateas o cuencas
en las que existe un lento intercambio de la masa de agua,
por lo que el material liberado se acumula en el fondo.
Predominan los mangles negro y blanco según la salinidad
del suelo y se encuentran tanto en el Caribe como en el
Pacífico; el más importante es el de la Ciénaga
Grande de Santa Marta.
Los manglares de islote, integrados por mangle rojo, se
caracterizan por estar la mayor parte del tiempo expuestos
a la acción directa de las mareas y por desarrollarse
sobre playones fangosos aislados. Se hallan principalmente
en la bahía de Cartagena y en las bahías Amarales
y Sanquianga en Nariño.
En el país también hay manglares enanos que
presentan un desarrollo anormal; no sobrepasan los 4 m de
altura y crecen en zonas marginales sobre sustratos poco
favorables, como plataformas de rocas sedimentarias y coralinas
y en regiones cuyas condiciones ambientales son extremas:
baja temperatura y suelos con alta concentración
de sal. Se encuentran en islas del Rosario, o en áreas
rocosas como las de bahía Málaga, y la isla
de Gorgona.
LAGUNAS COSTERAS Y ESTUARIOS
La laguna costera es una depresión del terreno que
permanece por debajo del nivel más bajo de la marea;
tiene una comunicación permanente o efímera
con el mar, pero está protegida del oleaje por diversos
tipos de barrera; algunas son de origen tectónico
y otras se forman por la acumulación de sedimentos
arrastrados por las corrientes marinas. Las lagunas se diferencian
de los estuarios en su forma, pero sus características
biológicas, físicas y químicas son
similares; la composición físicoquímica
del agua es cambiante por estar sujeta a la periodicidad
y rango de las mareas.
Los estuarios son cuerpos de agua semicerrados en conexión
permanente con el mar, dentro de los cuales el agua salada
se mezcla con el agua que proviene del continente.
La verdadera función de lagunas y estuarios es la
de servir como sitio de refugio y alimentación a
larvas y juveniles de organismos marinos, que utilizan la
abundante cantidad de detritos orgánicos producidos
por las hojas de los manglares.
Generalmente las lagunas costeras y los estuarios se encuentran
rodeados de cinturones de mangle, cuyos aportes de materia
orgánica son la base de buena parte de su productividad.
Su funcionamiento está determinado por los ciclos
macroclimáticos, el régimen climático
local y especialmente, por las mareas, cuyo efecto es mayor
en el Pacífico.
Las comunidades vegetales que habitan los litorales deben
adaptarse a períodos largos de emersión, a
los rangos amplios de mareas —pujamar o pujas—,
a las corrientes internas y a las provenientes del mar,
a la temperatura, que varía de acuerdo con la de
los ríos que la alimentan y a la salinidad que puede
fluctuar desde cero partes por mil cerca a la desembocadura
de los ríos, hasta 30 partes por mil cerca a la zona
de influencia del mar. También son afectadas por
la turbidez —cantidad de partículas en suspensión—,
el oxígeno disuelto que disminuye notablemente en
fondos cercanos al manglar y la acidez —pH—
que, lo mismo que el oxígeno, puede llegar a valores
ínfimos en zonas de alta descomposición.
Las lagunas costeras pueden ser asociadas con sistemas fluviodeltaicos,
cuando su franja frontal se caracteriza por estar protegida
del embate directo del mar por amplias barras estabilizadas
y en algunas ocasiones por playas arenosas que encierran
depresiones lagunares intradeltáicas —esteros—;
con sistemas lagunares de barras, cuando se presentan depresiones
—bateas— bordeadas internamente por una franja
terrestre y protegidas externamente por varias franjas arenosas
depositadas por corrientes, olas y mareas; con lagunas de
erosión, cuando presentan amplias depresiones —cañones—
formadas por erosiones fluviales al bajar el nivel del mar
durante la última glaciación —hace 20.000
años— y posteriormente, durante el Holoceno,
inundadas por transgresiones marinas; con lagunas tectónicas,
cuando se formaron por plegamientos o hundimientos causados
por actividades tectónicas;
éstas generalmente tienen forma elongada, son profundas
y se encuentran en zonas costeras montañosas.
En el Caribe continental se encuentran cuatro estuarios
que corresponden a las desembocaduras de los ríos
Magdalena, canal del Dique, Sinú y Atrato y 59 lagunas
costeras que tienen una extensión aproximada de 155.472
ha, dentro de las que se destacan la ciénaga La Caimanera
—152 ha—, de la Virgen o de Tesca —2.250
ha— y la Ciénaga Grande de Santa Marta —45.000
ha—.
En el Pacífico colombiano las principales lagunas
costeras y estuarios se presentan en los deltas de los ríos
Juradó y Apartadó, cerca a la frontera con
Panamá; en la desembocadura de los ríos Catipre,
Baudó y San Juan; en bahía Málaga y
Buenaventura; en las desembocaduras de los ríos San
Juan de Micay, Guapi y Patía y en la bahía
de Tumaco.
LOS LITORALES ROCOSOS Y LOS ACANTILADOS
El litoral rocoso constituye una unidad ecológica
donde habitan comunidades biológicas sobre material
geológico que aflora del litoral, o sobre sustratos
duros secundarios, como plataformas calcáreas emergidas
por movimientos de la corteza terrestre. Estas formaciones
rocosas tienen una pendiente muy marcada, generalmente perpendicular,
razón por la cual forman barreras o muros en las
costas. Este tipo de litoral está delimitado en su
parte superior por la aparición de la vegetación
terrestre y en su parte inferior por fanerógamas
marinas y algas fotófilas.
Este ecosistema se caracteriza por su ubicación en
lugares donde los factores físicos determinan que
la flora y la fauna que allí habitan, presenten adaptaciones
morfológicas y fisiológicas a la amplitud
de las mareas, la acción del oleaje, la temperatura
—debido a la acción directa del sol—
y a la naturaleza y topografía de las rocas. En términos
generales, el litoral rocoso se puede dividir en tres zonas
bióticas: supralitoral, mesolitoral e infralitoral.
El supralitoral es la zona de transición entre la
tierra y el mar; está limitado en su parte superior
por la presencia de vegetación terrestre y en su
parte inferior, por la aparición de cirripedios —crustáceos
hermafroditas—. Su amplitud es variable, recibe una
alta insolación y sólo capta la humedad procedente
de la aspersión de la ola, por lo que también
es llamada zona de salpicadura. La cantidad de especies
animales que habita esta franja es limitada y en ella predominan
los gasterópodos del género Littorina
y los crustáceos decápodos de la familia Grapsidae,
que se alimentan de algas clorofíceas incrustantes
y cianobacterias que crecen sobre las rocas; entre las plantas
características se encuentran algas verdes, algas
pardas y algas rojas. Los llamados pozos de marea —pequeños
charcos semipermanentes—, albergan comunidades más
diversas, puesto que sirven como refugio de formas juveniles
de mojarras, pargos y roncos.
El mesolitoral es el lugar donde las mareas son activas
y por lo tanto se producen inmersiones y emersiones continuas;
se caracteriza por un crecimiento considerable de algas
cespitosas y algas calcáreas incrustantes. Los organismos
típicos de esta zona son los balanos —crustáceos—,
quitones —moluscos poliplacóforos—, decápodos
herbívoros de la familia Grapsidae, cangrejos terrestres
ermitaños, poliquetos y anélidos.
El infralitoral comprende desde el nivel de inmersión
continua hacia abajo, hasta el lugar donde viven las fanerógamas
marinas. En el Caribe está poblado por una gran variedad
de algas macroscópicas como las verdes, las pardas
y las rojas, mientras que en el Pacífico, abundan
algas filamentosas diminutas y densos crecimientos de briozoarios
e hidroides.
El litoral rocoso del Caribe colombiano es relativamente
escaso; se presenta entre la frontera con Panamá
y la población de Acandí, donde la costa rocosa
es interrumpida regularmente por áreas de playa;
en la parte occidental de Tierra Bomba y en las islas de
San Bernardo y El Rosario, donde existe una corta extensión
de litoral rocoso calcáreo originado por antiguos
arrecifes; en punta Galeras y punta Canoa, donde no hay
comunidades biológicas permanentes debido a la naturaleza
poco cohesiva de la roca; en la Sierra Nevada de Santa Marta,
donde predominan las formaciones rocosas y los acantilados
que encierran una serie de bahías y ensenadas y,
finalmente, en el extremo nororiental, donde hay pequeños
acantilados en el cabo de la Vela, Media Luna y punta Espada.
En el Pacífico colombiano el litoral rocoso se presenta
en las estribaciones de la serranía del Baudó,
en una longitud aproximada es de 300 km, donde existen acantilados
con rocas ígneas de color oscuro y grano fino; están
formados por basaltos, en la región de punta Marzo,
bahía Humboldt, punta Cruces, punta Solano, ensenada
de Utría y cabo Corrientes y por vulcanitas verdes
básicas y ultramórficas, en las bahías
Cupica, Solano y ensenada Tribugá. Al sur del cabo
Corrientes, los acantilados aparecen como formaciones discontinuas
y se encuentran en la desembocadura del San Juan, en bahía
Málaga, en la bahía Buenaventura y en el golfo
de Tortugas; están conformados por rocas terciarias
constituidas principalmente por limonitas —óxido
de hierro hidratado— y lodolitas —concreciones
rocosas de lodo—, con intercalaciones de areniscas
y conglomerados pertenecientes a las formaciones Raposo
y Mallorquín; en los alrededores de Tumaco, isla
del Gallo y Bocagrande, por rocas terciarias que afloran
sobre la línea litoral.
ECOSISTEMAS TERRESTRES
Los ecosistemas terrestres litorales y costeros están
directamente relacionados con las coberturas vegetales que
llegan desde el continente hasta el límite con el
mar. En términos muy generales se clasifican de la
siguiente manera:
El bosque basal del Pacífico, constituye una cobertura
de cerca del 3,9% del territorio nacional y abarca una extensión
aproximada de 4.429.955 ha; se caracteriza por poseer un
alto grado de especialización y amplio índice
de diversidad florística. En áreas inundables
se encuentran el sajo, el sande y los cuangares.
El bosque basal del Caribe es la cobertura más intervenida
en Colombia y está en peligro de desaparecer; permanecen
algunas reservas y santuarios, como el de Los Colorados
y relictos del bosque seco tropical. Comprende cerca de
7.669 ha y ocupa cerca del 0,007% del territorio. Sobresalen
especies como el jobo, el guayacán y la ceiba.
Los manglares del Pacífico predominan en gran parte
del sur del Pacífico colombiano a partir de cabo
Corrientes y se intercalan con playas y colinas y al sur
de Buenaventura ocupan grandes extensiones. Se encuentran,
entre otros, el mangle piñuelo, el mangle jeli y
el rojo.
La cobertura insular caribeña, que se estima en 3.768.331
ha, se localiza principalmente en las islas del Rosario,
San Bernardo e Isla Fuerte. Sobresalen el mangle bobo y
el mangle salado o amarillo.
La cobertura insular Pacífica, estimada en 1.450
ha, está ubicada en la isla Gorgona. Las especies
más características son el laurel, el machare
y la pácora.
La xerofitia del piso basal se presenta en áreas
con déficit significativo de agua, donde la vegetación
es particularmente de cactáceas o matorrales espinosos;
tiene una cobertura estimada en 1.204.851 ha localizadas
entre los 0 y los 1.000 msnm. Sobresalen el trupillo, la
tuna y el candelabro.
En el archipiélago de San Andrés y Providencia,
donde en 0,1 ha se encuentran 60 especies con diámetros
superiores a 2,5 cm, hay una mezcla interesante de floras
antillanas, litorales y de tierra firme; se destacan la
ceiba, el uvito y el suán.
El gobierno está llevando a cabo el ordenamiento
y la delimitación de las zonas costeras, especialmente
en la subzona de bajamar o franja de transición y
en la subzona terrestre–costera, las cuales incluyen
en términos muy generales el 100% de las coberturas
de manglar y de bosques de transición costera, las
lagunas costeras, los centros urbanos costeros y todos los
ecosistemas asociados de franja oceánica. Con base
en la política nacional para el desarrollo sostenible
de los espacios oceánicos y las zonas costeras e
insulares, se delimitaron doce unidades ambientales costeras
que, a grandes rasgos, coinciden con algunos de los más
importantes golfos y bahías de Colombia.